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6/12/17

Cuándo los celos sobrepasan el amor [6-12-17]

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Cuándo los celos sobrepasan el amor

Ciudad de México (México). Algunas personas no sienten celos, en ningún momento, durante sus relaciones. La mayoría de la gente, creo, es como yo: segura de sí misma hasta cuando se enfrentan con la idea de que su pareja tiene un/a ex, y de que tal vez en el pasado él o ella le prometió amor eterno, honor, y aprecio a esta persona.

Siempre es bueno catalogar a los celos como una emoción tonta, pero no podemos negar el poder que tienen para lograr estresarnos. Es diferente para cada persona que padece de celos. Una mujer podría no tener ningún problema con la secretaria sexy de su marido, pero se morderá las uñas por los nervios cuando él asista a una reunión de sus amigos de preparatoria llena de ex novias. Otras personas luchan constantemente contra el impulso de querer preguntar cuán larga es la lista de amores de su pareja. Pero si sospechas que tu pareja te engaña, de serlo asi, ¿por qué estás con esta persona? Los celos normalmente llevan al fracaso a más relaciones que las que protegen.

"Lo más interesante sobre los celos, es que tienden a ser engañosos e inesperados", dice el Dr. Robert Bringle, profesor de psicología en la Universidad Purdue, quien estudia los celos en las relaciones. "Una persona, por más segura que sea, puede ser cegada por los celos". La buena noticia, dice él, es que, incluso si no podemos asegurarnos de que no aparecerán, "sabemos lo que los alimenta; lo que significa que podemos matarlos de hambre".

Para poder poner a tus celos a dieta, prueba lo siguiente:

Deshazte de ellos


"Lo primero que debes preguntarte es: '¿son mis celos un patrón?'", dice Ronald Mah, terapeuta de parejas en Berkeley, CA. "Si tu tienes un patrón, donde eres celoso en todas tus relaciones, entonces el problema muy probablemente seas tú, y debes hacerle frente'. No es responsabilidad de tu pareja hacerte sentir seguro, dice Mah. Eso no significa que no le puedas pedir a él o a ella que sean un poco más sensibles, pero si tu pareja se irrita por tu ojo vigilante, tendrás que retirarte y trabajar en tus propios problemas, olvidando el dolor de un/a ex que se alejó de ti, o un padre que desapareció, y probablemente lo hagas con terapia antes de que alejes a tu pareja actual para siempre.

Identifica la verdad en cada situación

La gente tiene una tendencia a generalizar, dice el Dr. Bringle. Es decir, si tú ya estás sintiendo sospechas, cada cosa, por más pequeña que sea, parecerá encajar en esa situación. Es casi como una profecía cumplida. Digamos que tu pareja responde a una de tus llamadas, y contesta: "te vuelvo a llamar en unos minutos", y tú asumes que está con otra persona con la que él o ella te está engañando. Resuelve esta situación observándote a ti mismo/a, y pregúntate cómo has llegado a esta conclusión. No te limites a hacer suposiciones sobre la decencia de tu pareja. Si detectas un patrón de duplicidad, es claro que debes hacer preguntas, pero no dejes que tus inseguridades persistan.

Dilo en voz alta

La realidad es que las parejas deben de tener una conversación (¡o incluso varias!) para acordar lo que ambos esperan el uno del otro. "Muchas veces, tus celos pueden estar fuera de control porque tienes un complicado sistema de reglas y regulaciones de las cuales la otra persona no tiene ni idea", dice Mah. Acaba con las dudas teniendo una charla. "Con tranquilidad, le expliqué a mi chico que cuando el salía con sus amigos, y decía: 'Te llamaré más tarde', pero no lo hacia, yo generaba todo tipo locuras en mi cabeza", dice Julie, de St. Louis. "Entonces, le dije que así era como mi mente trabajaba, y que él no tenía que llamarme, ni decir que me iba a llamar. Que para mí estaba bien que él tuviera su noche de chicos, y punto.' Esta táctica de utilizar el lenguaje del 'Yo' para explicar cómo te sientes es excelente, a diferencia de culpar a la otra persona con acusaciones como: "Tú dijiste que me ibas a llamar y ¡no lo hiciste!"

Consulta las fuentes adecuadas


Si tus padres no fueron exactamente el mejor modelo de pareja, puede ser que te encuentres tratando de descifrar cuál lo sería. "La gente comete mucho este error", dice Mah. "Piden consejos a gente que está tan ansiosa e insegura como ellos, y acaban reforzando sus malos hábitos'. Pide consejos a personas que han logrado estar en el tipo de relación que tú quieres, y pasa tiempo con ellos, observando y aprendiendo de su comportamiento, como lo haría un antropólogo en entrenamiento.

Aumenta tu autoestima

"Los celos son realmente inseguridad", dice Mah. "Si tu pareja es de confianza, debes de reducir al mínimo los celos haciendo las cosas que te hagan sentir bien; entrenar, cultivar tus otras relaciones, o lo que sea que te haga sentir fantástico acerca de ti y de tu vida'.

Aprende a olvidar los tiempos difíciles

Cuando una situación de envidia se asoma, prepárate para ello. "Todos sabemos de lo que somos capaces cuando estamos estresados", dice Mah. "Pero eso no quiere decir que está bien exteriorizar tus temores cuando ocurren situaciones estresantes. Si tú sabes que te pones celoso/a cuando tu novio/a tiene que ver a su ex esposo/a para recoger a los niños, prepárate con anticipación". Aunque esto signifique recitar afirmaciones o asegurarte de compartir algunos besos de más con anticipación, encuentra maneras saludables para manejar este estrés.

Pero no importa qué, dice el Dr. Bringle, no aplastes a tus celos por completo. "Los celos son una señal de alerta", dice. "Igual que el dolor, nos dice cuando algo podría estar mal. Y puede ser saludable para una relación decir, por ejemplo: 'Me siento celosa cuando ves a tu ex novia' y tener una conversación sobre cada uno de los límites en su relación." Es decir, utiliza la sensación incómoda como un punto de partida para una discusión, pero no como una forma de ultimátum. Con información de Match.com

3/8/16

El amor no alcanza para que una pareja pueda ir adelante [3-8-16]


“El amor no alcanza para que una pareja pueda ir adelante”

María Isabel Larocca, psicóloga platense. Consultorios repletos de parejas desencontradas. Los matrimonios duraderos: “No siempre es oro lo que reluce”. La incidencia del desamor y de la infidelidad

El fotógrafo pide que corra las cortinas del consultorio, que está casi en penumbras como suele corresponderle a estos ámbitos en donde muchas personas reciben atención y, entre ellas, sobre todo, las parejas en crisis que van en busca de alguna salida. La psicóloga María Isabel Larocca accede y deja entrar por la ventana la luz más plena de la calle 58, donde funciona uno de sus dos consultorios. El otro es en City Bell y allá también van hombres y mujeres desencontrados.

“El amor sólo no alcanza para que una pareja pueda ir adelante. Hay muchas más cosas que deben existir para que se forme una buena familia. Hace falta una buena comunicación, una buena comprensión, intereses comunes, y eso muchas veces no se da”, es el primer comentario de la psicóloga.

Nacida en Barrio Jardín, hija del electricista Miguel Angel Larocca y de Zulma Strak, recuerda que estudió el primario en la escuela de monjas María del Luján Sierra, sobre la calle 74, y el secundario en Nuestra Señora de Luján. Dice que en los años del bachillerato pensó en estudiar medicina y que por eso se anotó en esa facultad, donde rindió el primer año. “Pero finalmente me incliné por la psicología y me gradué en la facultad de la Universidad de La Plata”.

Su experiencia profesional no es extensa. La inició en 2008 y en estos cinco años vivió encontrándose con muchas de las más conflictivas vivencias humanas, no sólo las que se plantean en las vidas de las parejas sino aquellas que, como la anorexia o la bulimia, la ansiedad, la depresión, las angustias, las fobias, los ataques de pánico, los procesos de duelo o el estrés golpean en las puertas de los consultorios.

¿Usted no cree, como se creía hace muchos años, que para ser psicólogo sería conveniente, primero, ser médico?


“No, no lo creo en absoluto. La psicología es una carrera autónoma que no necesita de la medicina”

Uno lee en el diario –o conoce casos- de matrimonios que duraron 50, 60 años y hasta más tiempo aún. Estas personas, comparadas con los que puede verse ahora, con multiplicidad de parejas efímeras, parecieran ser como dinosaurios, como especies casi extinguidas… ¿Cuál es su opinión sobre estos casos?


“Es evidente que existen parejas que pueden haber llevado una relación amorosa y armoniosa. Esta es una de las hipótesis. Otra sería que hay matrimonios que se aguantan, que se toleran, con todo lo que eso puede implicar”.

¿Habría que desconfiar de algunos de los matrimonios duraderos?

“Yo no digo que haya que desconfiar. Pero uno va viendo cosas en la vida. A ver, ese dicho “no siempre es oro lo que reluce”, puede venir bien para explicar algunas relaciones prolongadas. Existe además un problema generacional y cultural evidente, creo. Hay parejas en las que ambas partes carecieron de todo tipo de posibilidad para romper con esa suerte de inercia existencial”.

¿En qué medida incide la infidelidad para definir la existencia de una crisis de pareja?

“Siempre advierto que no se puede generalizar, cada caso es distinto de otro. Pero a rasgos generales puede decirse que en muchas parejas el emergente suele ser una infidelidad, que es la que desata o corporiza lo que realmente está pasando”.

¿En qué porcentaje de los casos que usted trata aparece la infidelidad en la pareja?

“No me atrevo a dar un porcentaje. Pero quiero enfatizar que son muchas las causas de una crisis y que la infidelidad, cuando existe, es una más”.

¿Usted trata los problemas como si fueran de dos o discrimina entre los problemas de uno y otro?

“Yo diría que en la mitad de los casos se trata de conflictos de relación entre los dos, pero deriva también muchas veces en la necesidad de resolver conflictos individuales. La terapia de pareja no tiene como función primordial la unión de esa pareja, sino lograr que entre ellos se restablezca un vínculo sano. Esto decanta solo y el problema se va a ir descubriendo naturalmente durante el proceso de la terapia”.

Hoy los jóvenes no parecieran demasiado adictos a tener relaciones prolongadas. Se van a vivir juntos o se casan y luego se separan con una facilidad que, por momentos, asombra…

“Esto tiene que mucho que ver con la cultura de lo descartable que impera en la actualidad…”

¿Podría ser algo más explícita sobre este punto?

“En términos generales puede decirse que hay una mayor búsqueda de satisfacciones inmediatas. Y esto se traduce, cuando se habla de la vida sentimental, en que hay menos tolerancia entre las personas. Mucha gente dice: estoy mal acá, mejor empiezo otra relación. Y no saben que pronto ese mismo mecanismo lo volverá a aplicar. Estará mal en su nueva pareja y buscará otra. Así que hay gente que tiene dos hijos con una pareja, uno en la siguiente y tres en la tercera…”

A una persona de cierta edad esta descripción le suena como catastrófica. ¿Qué juicio de valor le merece a usted esta realidad?

“Antes que nada, quiero decir que no es que esté mal que la gente se separe, si no hay otro remedio. Pero tampoco está para nada bien que exista superficialidad en los vínculos”.

Usted, como psicóloga y desde luego asesora de las parejas en crisis, ¿tiende a ser conciliadora o es más tajante y aconseja la separación?

“Soy conciliadora. En la terapia uno debe actuar casi como un mediador”

Cuando están frente a usted, ¿se pelean las parejas? ¿Hay incidentes?

“Jamás permitiría un incidente o una discusión a los gritos. La que dirige la terapia soy yo. Pero sí debo señalar que muchas veces las partes de una pareja no se escuchan uno al otro. Habla uno y habla el otro, sin escucharse. Pero también en el consultorio uno advierte cuándo alguna de las partes, o las dos, quieren que la relación sane”

¿Cuánto incide el tema de los hijos?


“Enormemente. Cuando hay hijos es fundamental que la relación sea armoniosa. Pero también influyen mucho, cuando se van definitivamente del hogar. Allí cada miembro de la pareja descubre, a veces con mucho asombro, que debe volver a convivir con el otro y eso cuesta”.

Desde que la mujer trabaja afuera del hogar, ¿cambió el modelo de pareja?

“Cambió muchísimo. Y creo que, en general, para bien”

¿Qué importancia tiene para la armonía de la pareja una buena relación sexual?

“Mucha importancia. Pero no es definitoria. Si apuntáramos a eso, hablaríamos de relaciones pasionales. Además existen etapas en la vida, en los que esa relación tiene menor incidencia”

¿Cuál ha sido la experiencia más exótica que ha tenido en las consultas con sus pacientes?

“El hecho de que hace poco tiempo vino una pareja a plantearme sus conflictos y a realizar su terapia. Lo raro es que los dos tienen más de 70 años de edad”

A partir de la emancipación económica de la mujer, ¿hay más divorcios?

“Estimo que sí. La mujer ha conseguido a partir de allí más libertad para disponer de sus bienes y de su patrimonio”

¿Existe alguna fórmula para garantizar la felicidad y durabilidad de una pareja?

“Responder esto sería como responder si existe o no una fórmula para la felicidad humana en general. Yo creo que no existe… pero ya que pregunta pienso que... lo principal es el deseo de mantener el vínculo con el otro... sí, ser junto al otro”

¿Le parece bien el dicho popular que alude a la “media naranja”, como complemento de uno en la pareja?

“Para nada. No está bien. No hay que ser medio en nada. Hay que ser uno. Si uno es medio, va a estar demandándole al otro que sea la otra mitad. Eso está mal. Cada uno debe ser una naranja. Una pareja se hace con dos naranjas”

13/10/15

Relación de pareja: ¿dónde acaba el amor y empieza la dependencia emocional?


Relación de pareja: ¿dónde acaba el amor y empieza la dependencia emocional?

  • Cuando un miembro de la pareja siente necesidad exagerada de recibir amor del otro, o su vida gira por completo en torno a esa persona, se podría afirmar que existe dependencia emocional.
  • La dependencia surge del miedo a no valer suficiente, no poder vivir solo, estar incompleto, morir si el otro se va...
  • Este apego patológico crea relaciones desequilibradas, conflictivas o superficiales.

20minutos.es

La relaciones de parejas, a veces, se basan en algo que no es amor y que acaba por minar la relación afectiva: la dependencia emocional.

Cuando un miembro de la pareja siente necesidad exagerada de recibir amor del otro, o su vida gira por completo en torno a esa persona, se podría afirmar que la relación es más bien de dependencia. ¿Dónde está el límite entre amar y depender? ¿Cuáles son las señales de que la relación no es lo todo equilibrada que cabría esperar? Desde Eroski Consumer se da respuesta a estos y otros interrogantes relacionados. ¿Amor o necesidad? ¿Cuál es la diferencia entre amar y depender? Para Anna Ferre Giménez, psicóloga y terapeuta, en una relación basada en el amor, "dos personas están juntas por el placer de compartir con el otro aquello que cada uno es y que le hace sentir bien consigo mismo, no para que el otro le proporcione lo que uno siente que le falta en su vida".

Sin embargo, la dependencia surge del miedo a no valer suficiente, no poder vivir solo, estar incompleto, morir si el otro se va... Este apego patológico crea relaciones desequilibradas, conflictivas o superficiales en las que no es posible desarrollar el potencial personal creativo. "A veces, aunque menos conocido, una persona dependiente se muestra segura, pero, en realidad, bajo esa falsa apariencia de seguridad, es incapaz de sentir amor e intimidad, de relacionarse desde un plano de igualdad con el otro", comenta la psicóloga.

Hay grados de dependencia y es fundamental que uno detecte cómo le afecta un tipo de relación así en su vida y de qué manera impide un desarrollo personal sano.

¿Existe un perfil de dependiente emocional?

Hay quienes tienen más predisposición a sufrir relaciones de pareja de dependencia. "Sin duda, las personas emocionalmente más frágiles", puntualiza la experta. Entre estas se encuentran las que han vivido una infancia difícil, con ausencia física o emocional de los progenitores, o que han tenido una relación de pareja dañina; en definitiva, con carencias emocionales.

Cuando durante la infancia uno no se ha sentido seguro con el entorno encargado de protegerlo, se hace difícil madurar y ser sujetos independientes de una manera saludable. Entonces se desarrollan estrategias para obtener amor (o para huir del dolor) que se mantienen a lo largo del crecimiento y en la edad adulta.

Un patrón basado en el miedo desde la infancia se repite de forma inconsciente y de manera automática en la vida adulta: "establezco relaciones de pareja en las que me comporto de forma sumisa, algo que traslado a otros ámbitos como el trabajo... Es decir, obedezco a cambio de no tener conflicto", explica la psicóloga, a modo de ejemplo. Estas situaciones, a veces, son adaptativas y beneficiosas, pero otras, es el primer paso para no poner límites y permitir abusos.

No obstante, la experta aclara que ante una misma situación de desamparo o de heridas emocionales, diferentes personas desarrollan estrategias distintas, según el tipo de carácter. Por eso en una relación de dependencia emocional, los dos miembros de la pareja son "codependientes": ninguno de los dos puede dar o recibir amor. "Se tiende a definir como dependiente al miembro de la pareja que muestra más fragilidad, sin embargo, el sujeto tenido como 'fuerte' también necesita del miembro débil para mantener esta relación basada en el poder o el miedo, en lugar de en el amor como sería deseable", asegura la especialista.


Recurrir a un psicólogo o un terapeuta

El primer paso y, por seguro, el más difícil, es reconocer que uno tiene una relación de dependencia emocional. A veces, la persona necesitará recurrir a un profesional psicólogo o terapeuta para que le ayude a tomar conciencia de la situación, del sufrimiento evitable, y le ayude a ver las heridas y curarlas.


Síntomas de alarma

Algunas frases o creencias pueden indicar que se está ante una relación de apego patológico:

  • "Necesito a un hombre / a una mujer en mi vida para sentirme bien", "sin ti no soy nada": la pareja es lo más importante en la vida de la persona, más que uno mismo. Indica una baja autoestima. "
  • ¿Dónde estás, con quién estás, qué haces, qué piensas?": deseo de afecto constante y de contacto ininterrumpido, por ejemplo, estar juntos o en contacto a través de móvil todo el tiempo posible, de manera adictiva.
  • "Con lo bien que estamos juntos, no necesitamos a nadie más": tendencia a que la relación sea exclusiva. Los amigos desaparecen y se crea una especie de burbuja de dos.
  • "Lo que tú digas, cariño", "lo que yo te diga, cariño": la pareja se relaciona a través de poder-miedo, uno somete y el otro es sumiso. Esto puede incluso ser aceptado tácitamente, sin que sea cuestionado.
  • "Por favor, no te vayas, cambiaré, si me dejas me muero": miedo a la soledad y, por tanto, el abandono o el rechazo de la pareja se vive como una catástrofe, como dejar de existir. A menudo este tipo de relaciones se rompen y se recomponen de manera continua.
  • "Tengo mucha mala suerte, siempre me encuentro con el mismo tipo de hombres/mujeres": muchas relaciones con parejas de un mismo perfil. Tras la ruptura hay resentimiento o desprecio hacia el otro miembro de la pareja.

28/8/15

Relación de pareja: Los 7 pilares del amor tóxico [28-8-15]


Relación de pareja: Los 7 pilares del amor tóxico

Cuando el vínculo está cargado de temores, distorsiones, exigencias y expectativas desmedidas puede generarnos conflictos, problemas, estrés y aburrimiento. Esto no ayuda al crecimiento personal ni de la pareja, ya que se consume energía en peleas o vacíos afectivos. Cómo saber si estás involucrada en una relación así.

y un porcentaje importante de personas solas que se quejan por la falta de vínculos amorosos, y también hay quienes se encuentran involucrados en una relación de pareja tóxica. Estas personas suelen traer al consultorio sus dificultades para establecer una relación de amor que sea madura, adulta y placentera.

¿Qué es el amor tóxico? Aquel que puede estar contaminado con nuestros miedos, necesidades emocionales insatisfechas y nuestro “lado oscuro” sin trabajar ni hacernos responsables. Es un vínculo cargado de temores, distorsiones, exigencias y expectativas desmedidas que puede generarnos conflictos, problemas, estrés y aburrimiento, hasta el punto de agotarnos y enfermarnos. Un amor tóxico no ayuda al crecimiento personal ni de la pareja, ya que consume mucha energía en peleas, discusiones o vacíos afectivos.

Estos son los 7 pilares que pueden ayudarte a identificar si estás o estuviste involucrada en una relación de amor tóxica en tu vida.

1 – Ausencia de comunicación adulta. El amor tóxico se caracteriza por la falta de diálogo adulto y responsable, ya que suele haber dos personas con dificultad para hacerse cargo de sus errores y dificultades. Una pareja que no consigue sostener una comunicación adulta, difícilmente podrá profundizar y relajarse en el amor. Cuando se produce esta falta, suele reemplazarse por un estado de soledad compartido donde ambos pueden hacer un pacto silencioso para no alterar el “pseudo-equilibrio”. O bien pueden discutir, competir y pelearse por cualquier cosa sin resolver ni llegar a acuerdos adultos y consensuados. Este pilar genera un desgaste terrible y un sentimiento de soledad apabullante en ambos miembros, ya que no tienen canal para dialogar adultamente.

2 – Falta de trabajo personal. Generalmente las parejas creen que sus problemas existenciales y psicológicos se resolverán cuando encuentren al amor de su vida, lo cual es una clara distorsión mental. El amor se vuelve tóxico cuando uno de los miembros no trabaja su lado oscuro (miedos y dificultades) y, por ende, los vuelca a la relación de diversas formas que pueden saturar al otro. Contrariamente a lo que se cree, la terapia psicológica puede ser muy adecuada para cuando comenzamos un vínculo de pareja para convertirlo en una oportunidad de crecimiento.

3 – Falta de sexo placentero. Un amor tóxico se manifiesta cuando la pareja sea acostumbra a un intercambio sexual que reporta poca satisfacción para uno o ambos miembros de pareja. A veces puede ser la frecuencia escasa, la forma de hacer el amor o el hecho de utilizar el sexo como una puerta de escape para no resolver problemas más profundos. La presencia de este pilar trae insatisfacción y aburrimiento en la pareja, que puede traer aparejada la infidelidad, masturbación compulsiva o separaciones. Poder reconocer, hablar de esto y chequear qué hacer son los primeros pasos necesarios para revertir esto.

4 – Idealización de la pareja. Una pareja experimenta un amor tóxico cuando uno o ambos miembros se quedan pegados a una imagen idealizada del otro, donde no consiguen ver los defectos y cualidades en forma integrada. Parte necesaria y adulta en nuestro crecimiento madurativo es poder observar a quienes nos rodean con sus virtudes y dificultades, y poder aceptarlos. En el amor tóxico, la persona solo puede ver las virtudes, pero le cuesta mucho también contemplar defectos del otro, lo cual puede llevarla a sostener vínculos tóxicos donde tolera maltratos, descalificaciones y otras yerbas amargas hasta que cae en la realidad.

5 – Infelicidad personal crónica. En la matemática del amor, si dos personas eran infelices al conocerse, difícilmente crearán una relación plena y gratificante. El amor de pareja tóxico se caracteriza porque uno o ambos miembros de la pareja experimentan insatisfacción y frustración en sus vidas y hacen poco y nada para resolverlo. Por ende, la pareja es utilizada como una vía de escape para no hacerse responsable de la propia infelicidad. Si no estoy haciéndome cargo de darme placer y alegría en mi vida, con seguridad me volveré un “vampiro energético” de mi pareja, intentando succionarla para sentirme pleno. Esto puede generar personas sin vitalidad, con poca energía para disfrutar de sí mismos y de la vida. En síntesis, una pareja “seca” y estancada.

6 – Falta de proyectos personales. Este pilar se conecta con el punto anterior. Es necesario comprender que somos un conjunto de roles y áreas. No solo somos personas en búsqueda de pareja. También podemos practicar deportes, tener hobbies, juntarnos con amistades y familiares o realizar alguna práctica espiritual que nos potencie. A su vez, podemos generar proyectos conjuntos o individuales que nos reporten placer, pasión y otras cosas. En el amor tóxico no hay proyectos individuales, ya que la persona siente placer solo a través del otro, lo cual genera una sobrecarga que puede saturar la relación de pareja.

7 – Falta de amor y placer. Otro aspecto que suele haber en algunos vínculos que superan el año de relación es la falta de intercambio amoroso y la diversión. Hay parejas que están sumidas en un estado donde faltan gestos cariñosos verbales y corporales. O falta expresar “te amo”, “te quiero”. También pueden caer en una rutina donde no hay actividades placenteras que nutran el niño interior de cada uno. Por ende, el vínculo se vuelve propio de dos “ancianos jubilados”, donde impera el aburrimiento, la insatisfacción y el temor a la soledad.

Estos son 7 pilares sobre los cuales puede apoyarse el amor tóxico. Hay vínculos que pueden durar años de esta manera. Si estás decidida a afrontar adultamente esto es importante poder identificar factores que “ensucian” el amor y ver de qué forma podés limpiarlo y renovarlo para tu bienestar y el de la relación que estés intentando establecer.

21/8/15

El amor, de la pasión loca a las hormonas [21-8-15]


El amor, de la pasión loca a las hormonas

Según la ciencia, el deseo, el enamoramiento y la pareja estable son un festival hormonal: la testosterona despierta el deseo, la dopamina hace que veamos perfecto al ser amado, la oxitocina, que vivamos en pareja. Opiniones de la neurobiología y el psicoanálisis.

"¡Oh, si él me besara con besos de su boca! / Porque mejores son tus amores que el vino" dice el Cantar de los Cantares, el libro que en la Biblia se le atribuye a Salomón. De amores, justamente, es de lo que se está ocupando la ciencia en estos tiempos: parece que todo aquello de las almas gemelas, las medias naranjas y del hasta que la muerte nos separe es pura química.

Eso dicen los últimos estudios realizados por antropólogos, médicos, neurobiólogos, psicólogos y profesores universitarios del primer mundo. Por ejemplo, la antropóloga Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers, EE.UU.-, se basa en el estudio de imágenes cerebrales para definir el amor como un proceso de tres etapas. Primero, un impulso sexual indiscriminado; segundo, la atracción selectiva y en último término, el cariño, aquello que sostiene a las parejas más allá de la pasión. Y todo se relaciona con hormonas: la primera fase está regulada por la testosterona.

La segunda fase, el enamoramiento o amor romántico. Es esa etapa que los científicos describen como una deformación perceptiva por la que se agigantan las virtudes y se ignoran los defectos del otro. ¿Por qué sucede eso? Porque en ese momento hay un alto nivel de dopamina en los circuitos del placer del cerebro.

Ahora es el turno de la tercera etapa, el cariño, eso que en el mejor de los casos sucede después del año y medio que dura la pasión. Ahí entran a jugar la oxitocina y la vasopresina, otras dos hormonas que actúan sobre el circuito de la recompensa cerebral. La posibilidad de actuar de estas hormonas está regulada por un gen que, según se posea su versión estándar o una variante, la persona propenderá al matrimonio o a la soltería.

Pero esto no es todo: la infidelidad también tiene su causa hormonal. En el caso de los varones, cuanta más testosterona, más sexo. En el caso de las mujeres, la excusa es el estradiol. Las que tienen altos niveles de esta hormona son propensas a la infidelidad.

Y hay más: aquello de " billetera mata galán" pasó de refrán popular a tesis científica.

Académicos de la Universidad de Newcastle, en Gran Bretaña, estudiaron la información reunida en la encuesta de Salud y Vida Familiar realizada en China a cinco mil personas. Entre ellas, había 1.534 mujeres: 121 siempre tenían orgasmo; 762, de vez en cuando y 243 casi nunca o nunca.

Seg ún el doc tor Thoma s Pollet, uno de los líderes de la investigación, el dinero era uno de los factores más importantes para la felicidad de las mujeres: "Descubrimos que el mayor ingreso del hombre ejercía un efecto muy positivo sobre la frecuencia de los orgasmos femeninos", declaró el especialista. En síntesis, se trataría de "una adaptación evolutiva para diferenciar a los machos según su calidad".


OTRAS MIRADAS

Por su parte, el neurobiólogo Diego Golombek, investigador del Conicet y autor de "Sexo, Drogas y Biología (y un poco de Rock And Roll"), entre muchos otros libros, no coincide con el doctor Pollet: "El placer que acompaña al acto sexual, tanto en machos como en hembras, podría ser interpretado como un carácter que fue seleccionado favorablemente a lo largo de la evolución para favorecer la reproducción. Pero considerar al orgasmo femenino de otra manera, diferenciándolo tan tajantemente del masculino, me suena a trasfondo moral y hasta puritano", afirma.

L os estudios citados describen a la sexualidad como si siempre tuviera fines reproductivos. Al respecto, Golombek relativiza: "La fuerza impulsora del comportamiento animal es la continuidad de la especie, desde amebas a humanos. Pero los humanos incorporan la cultura, que inf luye notoriamente sobre la conducta sexual. Nuestro comportamiento es una combinación de mandatos biológicos y modulaciones culturales".

Otra mirada, insoslayable en estas tierras freudianas y lacanianas, es la psicoanalítica. El licenciado Hugo Litvinoff, analista de la Asociación Psicoanalítica Argentina, lleva la polémica más lejos que Golombek: "¿¡Qué tiene que ver la sexualidad con la reproducción?! Las bacterias, las plantas y todo el reino animal se reproduce sin que exista en ellos nada parecido al amor. El individuo en soledad se angustia y busca en otro la perfección".

"Con o sin amor", explica el psicoanalista, "la sexualidad es el medio privilegiado para obtener placer. Hay individuos cuya principal actividad sexual transcurre en sueño y otros que la subliman en actividades artísticas o científicas. La entrega genital no es un hecho mecánico sino una actividad plagada de fantasías conscientes e inconscientes de todo tipo. En ellas muy ocasionalmente participa el deseo de tener un hijo".

Respecto de las billeteras afrodisíacas, Litvinoff es concluyente: "Es frecuente que la mujer que se casa por interés desprecie al dueño del dinero y en la intimidad cierre los ojos y se imagine con otro".

18/8/15

¿Qué lleva a una mujer a fijarse en un hombre comprometido? [18-8-15]


¿Qué lleva a una mujer a fijarse en un hombre comprometido? 

Hay mujeres que siempre dicen que tienen la mala suerte de enredarse justo con hombres casados, pero esto no es ninguna coincidencia.

Ser la otra, la amante, puede ser sin lugar a dudas una aventura fascinante. Algo divertido, algo para contarle a las amigas y recordar, pero esa es la parte bonita, también está lo tristeza y la soledad que conlleva no ser la pareja oficial de un hombre.

Está por ejemplo, el esperar a que el otro tenga tiempo para verte, acudir siempre en los horarios que él establece, intentar no poner mala cara porque él prefiere pasar el fin de semana con su mujer y sus hijos, en vez de verte. Ser comprensiva, a veces incluso en demasía y esperar el infaltable llamado telefónico que a veces nunca llega.

Es cierto, a cualquier nos puede suceder. Ninguna de nosotras está libre de enamorarse de un hombre casado o ya comprometido, sin embargo, hay mujeres que al parecer siempre les parece interesante aquel hombre que ya tiene pareja.

Algunas podrían decir que es mala suerte, cosas del destino, pero les contamos que, como suele pasar en esta vida, nada es al azar. De acuerdo a varios estudios e investigaciones, generalmente las mujeres que repiten este tipo de conductas, están aterradas a tener con esa persona un compromiso verdadero, por lo que buscan de manera inconsciente justamente un hombre que no les pueda brindar esto, y qué mejor uno que ya esté casado o con pareja.

Incluso hay casos un poquito más extremos en que esta conducta femenina se da porque hay una tendencia a la competencia, es decir, hay mujeres que necesitan sentir que compiten con la pareja del otro para probarse quién al final sale victoriosa, transformando el amor de la persona, en una especie de trofeo.

Ahora, lo importante es entender que nosotras siempre somos las que decidimos dar el paso de involucrarnos o no con alguien casado, ya que en toda interacción existe el momento preciso en que debemos determinar si seguir avanzando o retroceder, independiente de cuánto nos pueda gusta o atraer esa persona.

Al final, todo se reduce a una fórmula muy sencilla que va mucho más allá de todo juicio moral, y esto es que lo vital es no hacernos daño con relaciones que quizás en un inicio puedan ser divertidas, pero que después cobrarán sin duda alguna, la cuenta.

29/7/15

¿Amar demasiado puede ser enfermizo? [29-07-15]

 ¿Amar demasiado puede ser enfermizo?

Amar demasiado conlleva a la codependencia y la codependencia es una condición específica que se caracteriza por una preocupación y una dependencia excesiva (emocional, social y a veces física), de una persona, lugar u objeto.

Eventualmente el depender tanto de otra persona se convierte en una condición patológica (enfermiza) que afecta al codependiente en sus relaciones con la pareja y todas las demás personas. La codependencia puede ser definida como una enfermedad, cuya característica principal es la falta de identidad propia.

El codependiente pierde la conexión con lo que siente, necesita y desea. Si es dulce y agradable aunque no lo sienta, es porque busca aceptación. Cree que su valor como persona depende de la opinión de los demás.

Da más importancia a los demás que a sí mismo. Se crea un yo falso, pues en realidad no está conciente de quién es y está tan desconectado de sus propios sentimientos, que asume la responsabilidad por las acciones de los demás. Se avergüenza por lo que hacen otras personas y toma las cosas de una manera personal. Invierte una enorme cantidad de energía en mantener una imagen o un estatus para impresionar porque su autoestima es muy baja, ya que depende del valor que los demás le otorgan.

Ahora bien en nuestra cultura se otorga un viso romántico al sufrimiento por amor y la adicción a una relación.

Desde las canciones populares (boleros) hasta la ópera, desde la literatura clásica hasta los romances históricos, desde las telenovelas diarias hasta los filmes y obras de teatro aclamadas por la crítica, estamos rodeados por innumerables ejemplos de relaciones inmaduras e insatisfactorias que se ven glorificadas y ensalzadas por la sociocultural; mientras más dolorosa sea la trama y con más injusticia más rating del espacio, porque sufrir se considera parte de la sobrevivencia y amar demasiado es un componente de esta manera de vivir.

El amar demasiado no significa amar a muchas personas ni enamorarse con demasiada frecuencia ni sentir un cariño muy profundo por esa persona, sino obsesionarse por ese hombre o esa mujer de tal manera que esta "obsesión" controle las emociones y las conductas, ejerciendo una influencia negativa sobre la salud y el bienestar", convirtiendo la relación en una adicción muchas veces incontrolable y dañina a la pareja y a su contexto familiar.

9/6/15

¿Cómo saber si es amor o sólo deseo sexual? 09-06-15

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¿Cómo saber si es amor o sólo deseo sexual?

Definir el amor es una difícil tarea. La gente quiere a su cónyuge, al compañero o a la amiga, como así también a sus hijos, padres, hermanos y animales domésticos; a su patria, a Dios y, en otro plano, gusta del helado de chocolate, de un paisaje o de un evento deportivo. Es evidente que esta palabra tiene muy diferentes connotaciones.

Quizá la definición más simple es la que se refiere al amor como la disposición de ánimo en que la dicha de otro ser resulta esencial para la propia felicidad. En cualquier clase de amor, el afecto y el interés por la persona amada es un componente esencial, porque si no están presentes estas características lo que aparenta ser amor puede no ser más que deseo.

Dado que tanto el deseo sexual como el amor pueden ser apasionados y extenuantes, resulta difícil distinguirlos en función de la intensidad con que se sienten. Lo que generalmente los diferencia es la “solidez” que respalda al sentimiento verdadero. El deseo sexual químicamente puro suele ser más evanescente, restringido y carente del sentimiento de cariño y, en ocasiones, de respeto. El amor, en cambio, es una emoción más compleja y perdurable.

El deseo de conocer sexualmente a otra persona se configura básicamente por la senda de la atracción física y la sensualidad.

Así como el amor puede comprender o no ansias apasionadas de consumar una relación sexual, el respeto por la persona querida es una condición de primerísimo orden. El respeto hace que valoremos la identidad e integridad de la persona amada, con lo cual, difícilmente trataremos de explotarla egoístamente en beneficio propio.

El destacado psicoanalista Erich Fromm sostenía que el individuo sólo puede lograr una forma válida de amor si llegó al estadio de desarrollo y expresión de la propia personalidad. Es decir, define al amor maduro como la “unión que permite conservar la integridad e individualidad propias”. La persona que ama debe desear que la otra se desarrolle, a su modo y en su propio beneficio.

Pensar en la autorrealización de sí mismo, como paso previo al inicio de una relación amorosa digna, puede llevarnos a pasar por alto que el amor mismo puede ser un medio que nos permita alcanzar esta realización individual. La relación amorosa facilita a las personas conocerse a si mismas, aunque no es menos cierto que el amor no puede reemplazar a la identidad personal.

Algunos investigadores opinan que cuando en una relación amorosa faltan el cariño y el interés mutuo, el amor resultante es, en realidad, una dependencia con respeto a la pareja. Creen que cuando se necesita el apego constante para que la vida resulte tolerable, puede afirmarse que ha surgido una adicción, por más que se la enmascare con aditamentos amorosos. El peligro siempre constante de la abstinencia origina un anhelo, un ansia no menos omnipresente.

Estos estudiosos sostienen que, en el amor saludable, ambos amantes están convencidos de sus valores individuales; se sienten más firmes, atractivos y realizados y, por esto, valoran su relación. A su vez, mantienen intereses serios y entablan relaciones personales importantes fuera de la pareja; son amigos; no se sienten celosos o posesivos en cuanto al desarrollo personal del otro y su unión se encuentra integrada en la vida global de cada uno de ellos.

En la práctica, resulta difícil distinguir entre amar y gustar. La única diferencia reside en el grado de compromiso con la otra persona.